
Conocí el sabor del primer beso
la verdad de una tímida caricia
la entrega sin reserva a la vida
y hasta un adiós para siempre.
No pude protegerme de los llantos
ni del primer zarpazo del amor
ni del triste perfume que deja
la primera inocencia abandonada.
Descubrí el egoísmo, la tristeza,
el vacío que dejan algunos abrazos,
la falsa risa, el dolor del paso en falso,
la oquedad de un silencio, la mentira.
Pero no renuncié a la ternura.
He querido, he amado,
fracasado y vencido
he danzado con la pena
abrazada a la alegría.
Y ahora sobrevuelo,
a ras de la madurez
con las mismas alas
de la juventud pasada,
todo lo que queda por vivir.





